La formación en Medicina Veterinaria enfrenta hoy desafíos relevantes: garantizar experiencias prácticas de calidad, reducir brechas entre teoría y práctica clínica, y responder a crecientes exigencias éticas en el uso de animales. Frente a este escenario, el Diplomado en Simulación Clínica Aplicada en Medicina Veterinaria surge como una propuesta innovadora que busca transformar la docencia veterinaria mediante metodologías activas y aprendizaje centrado en el estudiante.
Según explica Pablo Lillo, académico y docente del programa, el diplomado nace para responder a “varios desafíos estructurales de la formación veterinaria actual”, entre los que destaca “la dificultad para asegurar experiencias prácticas homogéneas y seguras para todos los estudiantes, especialmente en contextos clínicos con alta variabilidad de casos y restricciones éticas en el uso de animales vivos”, complementa el profesor.
En ese sentido, la simulación clínica permite crear entornos de aprendizaje controlados y progresivos, donde los estudiantes pueden entrenar habilidades sin poner en riesgo el bienestar animal. “La simulación clínica permite enfrentar estos dolores profesionales creando entornos éticamente responsables que favorecen el aprendizaje significativo, la toma de decisiones clínicas y la formación docente especializada en educación veterinaria”, señala el docente.
Un enfoque genuinamente veterinario
Si bien la simulación clínica es ampliamente utilizada en la formación en salud humana, su aplicación en Medicina Veterinaria presenta particularidades propias. “La diversidad de especies, la variabilidad anatómica y fisiológica, el manejo y comportamiento animal, y la relación triádica clínico–paciente–tutor exigen enfoques pedagógicos específicos”, explica el académico.
Estas diferencias se reflejan directamente en el diseño del diplomado, que incorpora cursos enfocados en espacios multiespecie, modelos anatómicos diferenciados y situaciones clínicas influenciadas por contextos productivos, clínicos o de fauna silvestre. “El programa no traslada la simulación humana a la veterinaria, sino que desarrolla un enfoque genuinamente veterinario”, enfatiza el profesional.
Desarrollo de habilidades técnicas y no técnicas
El diplomado pone un fuerte énfasis en metodologías activas y en el aprendizaje experiencial. Desde el punto de vista técnico, la simulación permite entrenar procedimientos clínicos y habilidades diagnósticas en un entorno seguro. Sin embargo, su impacto va más allá.
“La simulación clínica favorece el desarrollo de habilidades no técnicas esenciales, como la comunicación efectiva con tutores, el trabajo en equipo, el liderazgo, la gestión emocional y la reflexión ética”, afirma Pablo Lillo. En este proceso, el debriefing y la retroalimentación estructurada cumplen un rol clave, asegurando un aprendizaje profundo y reflexivo.
Bienestar animal y formación ética
Otro eje central del diplomado es la integración del bienestar animal en la formación profesional. “La simulación clínica juega un rol central en formar veterinarios más conscientes y responsables, ya que permite reducir el uso de animales vivos, especialmente en etapas iniciales del aprendizaje”, destaca el docente.
Además, la simulación abre espacios para analizar dilemas éticos reales y fortalecer la toma de decisiones responsables, junto con una comunicación empática y honesta con los tutores de los animales.
Herramientas prácticas para la docencia veterinaria
Quienes cursen el diplomado adquirirán herramientas concretas para diseñar e implementar experiencias de simulación clínica en sus propios contextos educativos. Entre ellas, se incluye el diseño de escenarios alineados a objetivos de aprendizaje, la selección adecuada de simuladores, la planificación de briefing y debriefing, la evaluación de competencias clínicas y comunicacionales y diseñar rúbricas, listas de cotejo y programas de simulación completos.
“La idea es que cada participante termine el diplomado con productos concretos y aplicables en su propia docencia”, explica Pablo Lillo.
Impacto en la calidad de la formación
El impacto esperado del programa es doble. Por una parte, fortalecer la profesionalización de la docencia veterinaria; y por otra, mejorar la preparación clínica y ética de los futuros médicos veterinarios. “Se proyecta una mejor preparación clínica, mayor seguridad en la práctica y una formación más consciente del bienestar animal, coherente con los desafíos actuales de la profesión”, señala el académico.
Invitación a participar
Finalmente, Pablo Lillo extiende una invitación a docentes y profesionales del área. El académico menciona que “queremos invitar a quienes buscan innovar en su práctica docente y fortalecer la formación clínica de sus estudiantes a ser parte de este diplomado. Será una experiencia formativa que combina teoría, práctica y reflexión, muy aterrizada en la realidad de la medicina veterinaria”.
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